jueves, diciembre 16, 2010

La espera

Edward jugaba con su bebida nerviosamente, a pesar de haber estado ya en el bar del puerto espacial muchas veces y ya estaba acostumbrado a las brillantes luces de neón y a los grupos de personas que se reunían para reencontrarse, despedirse o simplemente pasar un rato agradable; cerca de donde él se encontraba se podía una gran tensión.

No era para menos ya que para Edward era un día que llevaba esperando desde hace mucho tiempo. Ese día terminaba la cuarentena reglamentaria de 30 días la cual se le aplica a todos los habitantes de los mundos exteriores para que sus cuerpos se acostumbren a la atmósfera terrestre y al fin podría ver a Beth en persona.

Mientras observaba las imágenes que destellaban en una de las tantas pantallas que se encontraban alrededor del recinto en su cabeza rondaban miles de dudas; entre todas ellas la principal era cual sería el cambio en su relación al conocerse en persona. Ya se habían visto miles de veces vía holocomunicador desde aquel día en el que charlaron por primera vez.

Él aún recordaba ese primer encuentro a la perfección, y a pesar de poder recordar el contenido de aquel mensaje lo conservaba en un lugar seguro. En ese teto aunque solo se trataba de una felicitación por un artículo que había sido publicado no hacía mucho tiempo en una revista importante fue el acontecimiento que inició la serie de eventos que culminaban en aquel donde se encontraba.

Al principio él estaba bastante sorprendido que alguien hubiera encontrado interesante su trabajo, especialmente porque aquel artículo fue muy controvertido. Sin embargo Cuando pudieron conversar por primera vez ambos notaron que tenían mucho en común, a pesar de que él era un pobre lingüista de la Tierra y ella era una exitosa empresaria en los mundos exteriores sus formas de ver la vida no eran muy distintas.

Con el tiempo aquellas conversaciones tocaron todos los temas desde lo más banal hasta lo más profundo y a pesar de que algunas veces no estaban de acuerdo nació una amistad perdurable. Y a pesar de que sus conversaciones no podían ser tan largas ni tan frecuentes como ellos desearían debido a las ocupaciones de ambos estas reuniones se volvían muy esperabas al punto de que el día que tomaban lugar era el día más feliz para ambos. Y con cada momento que pasaba esta amistad empezó necesitar más cosas, ella deseaba tener a alguien en quien poder confiar y el deseaba poder consolarla cuando se sintiera triste.

También se preguntaba cómo sería el momento cuando se encontraran, ¿Hablarían como los buenos amigos que son o sería como si apenas se conocieran? aun así él deseaba con ansias poder acariciar aquella hermosa cabellera dorada, poder besar sus mejillas rosadas y poder ver aquellos ojos azules los cuales según él combinaban muy bien con el cielo terrestre.

Pero también se sentía culpable porque a él le era imposible viajar debido a la burocracia terrestre que solo permitía los viajes a los mundos exteriores cuando había motivos importantes o se era alguien importante, pero para un lingüista con el deseo de poder abrazar a una buena amiga y contarle cuantas cosas se le ocurrieran no se consideraba una razón de peso como para dar una visa. Sin embargo ya había pasado lo más difícil y percatándose de que la hora a la que habían quedado de verse había llegado cierto miedo inundó su cabeza.

¿Qué tal si no era lo suficientemente bueno para ella? ¿Qué tal si al pasar tiempo juntos conocerían defectos que volvieran la relación imposible de llevar? Tenía un enorme temor de llegar a perderla ya que su amistad era muy importante y gracias a ella superó momentos muy duros en su vida; pero aun así quería conocer su mundo, saber cómo eran sus lugares favoritos, realizar sus actividades favoritas aunque fueran totalmente diferentes a las suyas. Anhelaba conocer hasta el más mínimo detalle de su existencia, poder apoyarla en sus momentos difíciles y poder contar con ella cuando lo necesitara.

Todas estas dudas lo hacían temblar y le provocaban un nudo en la garganta. De pronto una silueta conocida cruzó la entrada del bar y lentamente se acercó a donde él estaba, volteó hacia donde ella se encontraba, su mirada cruzó camino con aquellos dulces ojos azules, y en ese momento se dio cuenta que todo estaba bien.

1 Gentes dicen algo:

belen mettel dijo...

Grandiosa historia Kyle, deberías publicar un libro. Te juro que lo compraría sin dudarlo, estoy tan anciosa por leer otra o la continuación de esta :)