miércoles, abril 27, 2011

Separados (quinta parte/final)

Caminamos varias horas en aquel bosque oscuro, el terreno era escapado lo que lo hacía difícil y provocaba que nos tomara más tiempo de lo esperado. E un principio no sabía no sabía si me dirigía en la dirección correcta, solo me guiaba por mi instinto; pero se hizo evidente al ver como los árboles cambiaban de tono y perdían su frondosidad. Mandy caminaba a mi lado, podía notar su temor al estrechar su mano, por eso no la soltaba, y planeaba nunca hacerlo. Con cada paso que dábamos nos acercábamos a ese lugar infernal, la primera señal de ello fue el descenso de la temperatura, pero no era un frío normal, hacía temblar nuestros cuerpos sin importar que tan abrigados pudiéramos estar.

Después de tanto tiempo pude divisar al fin algo construido por el hombre. Estábamos frente a una barda de concreto bastante alta, supongo que de alguna residencia que se encontraba a las orillas del bosque. Decidí que debíamos seguirla hasta encontrar un camino y así lo hicimos. Seguramente era toda un área residencial ya que la barda se extendía por alrededor de unos quinientos metros, pero al final encontramos una calle. Lo primero que busqué fue una señal que me indicara en qué lugar estábamos pero no tuve que buscar demasiado, La esquina y a pesar de que el letrero se había caído y estaba oxidado aún era legible. Le pedí a Mandy el mapa que guardó y lo revisé mientras ella sostenía la linterna. Vi que estábamos bastante lejos de la iglesia por lo que tendríamos que caminar todavía bastante para llegar. Le regresé el mapa y tomándola de la mano de nuevo caminamos con rumbo a aquél lugar.

El camino era parecido al de la última vez que estuve en las calles excepto que no había ninguna abominación aun así lo único que rompía el silencio era nuestros pasos, no intercambiábamos palabra alguna. A veces volteaba a verla pero su mirada me decía todo lo que necesitaba saber; tenía miedo, miedo de no poder salir de ahí, miedo de que nos pasara algo, y había algo más pero no lo podía entender, al menos no en ese momento. Solté su mano y pasé mi brazo por encima de su hombro para intentar calmarla, ella me abrazó y seguimos caminando así. Al estar recordé años atrás la universidad aquellos domingos de verano cuando nos encontrábamos en la alberca, era una costumbre para los dos ir siempre ese día a la misma hora donde siempre terminábamos apostando quien podía dar más vueltas y el perdedor tenía que comprarle un helado al ganador. Ella ganaba casi siempre después de todo era la mejor en todo, pero lo mejor era después de practicar cuando caminábamos a la fuente de sodas para pagar la apuesta. Hablábamos de todo lo que se nos ocurriera desde trivialidades hasta cosas muy personales; y cuando se sentía triste por alguna razón caminábamos así. Me llenaba de felicidad poder sentir sus latidos y su respiración tan cerca de mí y muchas veces con eso bastaba para que se alegrara, pero esta vez no era suficiente, tenía que sacarla de ahí y lo haría sin importar nada.

Llegamos al final de la calle y había una gran puerta de metal abierta, a un lado indicaba un letrero que la iglesia se encontraba cerca de ahí pero antes tendríamos que atravesar el cementerio del pueblo. Tomé un respiro y seguimos adelante. El lugar estaba lleno de lápidas muy antigua, ninguna parecía ser siquiera del siglo pasado, había una calma bastante perturbadora que terminó cuando nos topamos con una figura familiar. Era Miranda.

-Mandy. Mandy. Mandy. Eres toda una desvergonzada ¿cómo te atreves a intentar tomar lo que es mío?

-No sé de qué hablas. Le preguntó separándose de mí.

-No finjas ser inocente, Sabes bien de que hablo, de todas formas no es como si se percatara de tu existencia.

-¡Calla! Tú no sabes nada.

-Claro que sé. Y también sé que cometiste un grave error y ahora tendrás que pagar por ello.

Miranda lanzó un grito ensordecedor y su apariencia comenzó a cambiar, su cabellera roja cayó al suelo y su piel se volvió de un todo grisáceo; sus manos e convirtieron en afiladas garras y sus ojos se volvieron de color rojo brillante. Sabía que nos iba a atacar así que tomé mi escopeta y di un paso adelante cuando sentí una mano sobre mi hombro.

-Espera esto lo tengo que resolver yo sola. Por favor guarda distancia.

La miré extrañado pero noté en su mirada una fuerza que no sabía de donde había salido, incluso en las competencias más serias donde la había visto jamás la había visto con tanta determinación. Retrocedí unos cuantos metros y me quedé detrás de unas lápidas. Entonces Mandy tomó la pistola de su bolso, la amartilló y disparó en contra de la bestia.

-Nunca me podrás tocar ¡Soy mucho mejor que tú? Dijo la bestia de manera burlona esquivando sus disparos dando saltos enormes alrededor del lugar.

Mandy seguía disparando solo deteniéndose para recargar. La bestia seguía esquivándola y luego sin avisar cambió de dirección para atacarla, le dio un arañazo en el hombro haciendo que ella pegara un grito de dolor pero ella no dejó de dispararle solo por eso.

-Fuiste grande en el pasado ahora ya no eres ni la sombra de lo que eras. Dijo la bestia saltando sobre ella y golpeándola en estómago.

En aquel momento estuvieron tan cerca que ella pudo disparar hiriéndole el brazo. La bestia lanzó un chillido y se alejó de ella.

-¡Maldita! ¡Pagarás por eso!

Ella continuó disparando hasta quedarse sin municiones. Entonces corrió en busca de algo que pudiera usar como arma con la bestia siguiéndola de cerca, extrañamente no la atacaba era como si estuviera jugando con ella antes de dar el golpe fatal. Mandy llegó a una pequeña jardinera rodeada con una reja donde encontró una varilla que se había caído y la tomó sin pensarlo.

-Ven por mí. Si es que tienes el valor que presumes. Dijo amenazándola con su arma improvisada.

La bestia se lanzó al ataque pero lograba esquivar sus golpes con ayuda de la varilla logrando darle algunos golpes y recibiendo otros a cambio. Así siguieron hasta que la bestia la logro acorralar contra un mausoleo tirándola al suelo.

-Ahora si morirás. Perdiste tu oportunidad. Desperdiciaste tu potencial y todo fue para nada.

En ese momento Mandy vio un hueco en su defensa, y antes de que la bestia le pudiera dar el golpe de gracia, ella atravesó su corazón con la varilla. La jaló hacia ella y le dijo:

-No perdí nada, solo hice lo que me haría más feliz. Y ahora sé que lo puedo ser más.

La bestia cerró y desapareció en una nube de humo negro evaporándose en el aire. Me acerqué a donde estaba ella; le tomé la mano para ayudarle y levantarse y nos dimos un largo abrazo.

Seguimos nuestro camino y apenas salimos del cementerio nos topamos con unas largas escalinatas que llevaban a la catedral que se podía ver con algo de dificultad. Subimos aquellos escalones y una vez que estuvimos cerca pude ver que era idéntica a mi sueño, tenía la misma aura siniestra pero sabía que solo por ahí podríamos salir. Me acerqué a la puerta que tenía el mismo signo que había visto en mi sueño, la empujé con dificultad y entramos rápidamente.

El interior era aún peor que el exterior, había varias estatuas de formas grotescas sobre las columnas y esto se acentuaba más gracias a la luz de las velas que había a todo lo largo del recinto. Las paredes eran oscuras y las paredes estaban decoradas con imágenes de sacrificios. Avanzamos a lo largo del pasillo cuando oímos un ruido. Por la puerta habían entrado varios de los seres con cara derretida y se dirigían hacia nosotros. Tomé mi escopeta y comencé a dispararles para mantenerlos a raya pero no servía, eran demasiados y se me habían acabado los cartuchos. Tomé a Mandy y huimos por una puerta que se encontraba al fondo, apenas la atravesamos la cerré y la aseguré trabándola con la escopeta.

Una escalera de se extendía frente a nosotros el camino era angosto así que descendimos hasta llegar al fondo. Ahí se extendía una sala bastante grande. A diferencia de todo lucía en excelente estado, varios candelabros la iluminaban perfectamente y a los lados había varios libreros y armaduras. Al fondo se podía ver la puerta del elevador que había soñado pero algo se interponía entre nosotros y la libertad. El encapuchado estaba esperándonos ahí con la misma apariencia sombría, no se movía solo nos esperaba. Apreté la mano de Mandy y le dije que correríamos hacia el elevador. Avanzamos pegados a la a la pared corriendo con todas nuestras fuerzas, cuando pasábamos justo donde se encontraba el encapuchado y por un momento creí que lo pasaríamos pero con un simple movimiento agitó su guadaña hiriendo la espalda de Mandy. Me detuve en seco y le dije:

-Escóndete, pero quédate cerca. Tengo algo que hacer. Le dije seriamente

-Ten cuidado. Me dijo adolorida y caminó con algo de dificultad para esconderse detrás de un librero cercano.

Me di media vuelta y miré al encapuchado furioso, una gran ira invadía mi cuerpo y lo único que podía hacer era enfrentarlo.

-¡Basta! Grité furioso. –Ya me cansé de huir. Cometiste un gran error. A mí me puedes lastimar, cortar, mutilar, incluso matar; pero en el momento que decidiste tocarla a ella sellaste tu suerte. Ahora sabrás las consecuencias de semejante error.

Tomé el hacha que cargaba conmigo y arremetí contra el encapuchado gritando. Usando su arma esquivaba mis golpes con cierta facilidad; intentaba responder pero no le daba tiempo. Agitando el hacha con todas mis golpeé su brazo pero me sorprendí al ver que no le hice nada. El encapuchado aprovechó mi momento de desconcentración y agitó su arma intentando golpearme, apenas logré esquivarlo haciéndome un corte en la mejilla el cual comenzó a sangrar copiosamente. Sentí un dolor muy fuerte en mi cara pero retomé la compostura y esquivando dos golpes seguí intentando golpearlo. Cuando había creído encontrar un hueco en su defensa levante mi hacha para golpearlo en la cabeza pero me agarró me empujó contra la pared y clavo su guadaña en mi hombro; me tomó del cuello asfixiándome y retirando su arma para darme el último golpe. Extendí mi brazo buscando algo con que defenderme ya que había perdido mi hacha; Encontré una cuerda que sostenía uno de los candelabros y la desaté segundos antes de que me clavara la hoja de su arma en mi corazón. El candelabro golpeó al encapuchado en la cabeza separándolo de su arma haciendo que esta cayera lejos de él. Me apresuré y me lancé al suelo para tomarla, me puse de pie y supe que algo pasaba conmigo.

Sentí como mi cuerpo era consumido por la oscuridad, mi cuerpo dejó de responder, era como si algo o alguien tomara control de mis movimientos. Miré al encapuchado y le sonreí de una forma escalofriante.

-¿Quieres ser mi compañero de juegos? Dije riéndome ligeramente.

Mi risa aumentó poco a poco hasta convertirse en una carcajada maniática y me lancé contra el encapuchado. Él intentó defenderse tomando la espada que sostenía una armadura, pero no tenía caso. Me movía de una manera impredecible agitando la guadaña sin ningún problema, me había vuelto más fuerte y más ágil. El encapuchado llegó a darme algunos golpes pero no importaba, las cortadas eran menores y no sentía dolor, no sentía miedo, lo único que sentía era el deseo de matar. El encapuchado ya estaba debilitado por mis golpes lo cual provocaba que no pudiera defenderse bien. Tomé ventaja de ella y antes de que pudiera defenderse le corté la cabeza de un tajo.

Miré el cuerpo sin vida cayendo al suelo mientras me reía sin parar y comencé a golpearlo con el arma sin detenerme. Había descendido a la locura en mi mente podía ver todo lo que pasa pero estaba perdido en la oscuridad y no podía salir. Sabía que lo había perdido todo que no podría escapar de ahí y solo esperaba que ella pudiera huir antes de que fuera tarde. Cuando pensé que no podía estar más hundido en la desesperación vi una luz que penetraba aquella oscuridad. Me moví lo más rápido que pude hacia ella y regresé a la habitación. Aventé la guadaña lo más lejos que pude y esta ardió en llamas hasta no quedar nada. Miré hacia abajo y vi el cuerpo descuartizado del encapuchado, no pude sentir más que horror y repulsión de haber sido el responsable de ello pero pronto noté algo que me sacó de mi horror. Mandy estaba abrazada de mí sollozando mientras murmuraba algo.

-¡No me dejes! ¡Te necesito! Decía llorando muy fuerte apretándome con toda su fuerza.

-No lo haré. Le dije abrazándola con fuerza sin importarme el dolor de mis heridas. –No tenemos tiempo que perder hay que salir de aquí.

Caminamos apenas manteniéndonos de pie; las heridas nos tenían sin fuerzas pero el final estaba cerca. Entramos al elevador y lo activamos para que bajara. De repente algo falló y el elevador comenzó a desplomarse rápidamente.

-¡Te amo! Le dije desesperado. –Siempre lo he hecho y no quiero dejar este mundo sin que lo sepas. Dije mientras caíamos a toda velocidad.

-¡Yo también lo hago! Por eso es que entré a trabajar contigo. Quería estar junto a ti sin importar como fuera.

Nos miramos a los ojos después de hacer semejante confesión y nos fundimos en un beso apasionado. En ese momento ya no importaba nada podíamos morir sin problema siempre que lo hiciéramos juntos. Creía que íbamos a estrellarnos y morir ahí adentro pero algo frenó la caída haciendo que cuando llegara al fondo solo recibiéramos unos golpes leves.

Salimos como pudimos de ahí recorriendo la caverna que se extendía por un largo trecho, estaba oscuro pero era una oscuridad diferente, no se sentía el peso que tenía antes. Las heridas nos hacían ir con muchos trabajos, y cuando llegamos apenas podíamos subir. Nos apoyamos el uno en el otro y mirándonos a los ojos tuvimos las fuerzas para subir. Nos tomó un largo rato pero llegamos al final del túnel y un largo campo abierto se extendió frente a nosotros, la luz del sol nos deslumbraba pero logramos apreciar el cielo azul. Nos miramos nuevamente y sonreímos. Ahora todo parecía como una pesadilla amarga pero al tocarme la mejilla y sentir la cicatriz super que había sido muy real y que jamás lo olvidaría.

FIN

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